Insomnio, II

“…Con desesperación, abandonó las sábanas y se sentó en su mesa de estudio. Abrió su cuaderno de dibujos y contempló el rostro de aquella mujer. La oleada de rabia se suavizó y se sorprendió acariciando los rasgos de grafito. Quizá no era la más hermosa, ni la más inteligente, pero había sido la única capaz […]

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