Después de la tormenta

–Vamos, atrévete –insistió Inés –. No tienes nada que perder… ¡y llevas más de un mes mirándole cuando él no lo hace!
Paula suspiró y se entretuvo de nuevo en su pelo. Había cazado alguna de sus miradas furtivas y no quería estropear esos momentos, en los que su corazón se ensanchaba y rozaba una extraña felicidad. Nunca le había pasado nada igual y, por eso, sabía que se estaba enamorando. Apenas podía contener una sonrisa cuando él se volvía hacia ella.
–Vamos, vamos. ¡Te ha vuelto a mirar! Vamos, Paula, no te hagas de rogar…
Ella se rió, nerviosa, y accedió. Tomó del brazo a su amiga y caminó hacia él.
–Hola, Borja –saludó Inés, despreocupada –. No conoces a Paula, ¿verdad?
–No la conocía, no –contestó, guiñándole un ojo –. ¿Así que Paula? Mi hermana se llama igual.
Paula sonrió.
–¿Qué estudias? Te había visto alguna vez por aquí, pero nunca me he atrevido a preguntarte.
–Estudia Medicina, conmigo. Es una lástima que te cambiases a Farmacia, la verías más a menudo –intervino Inés.
Paula arrugó el ceño y le dio un codazo.
–¡Vale, vale, lo siento! –se disculpó, desatando la risa de Borja.
–¿Irás a la fiesta de este jueves? –preguntó el chico, con una gran sonrisa.
Ella negó e hizo un gesto incomprensible con las manos.
–No le apetece demasiado –resolvió Inés.
–¡Ah! –exclamó Borja, realmente sorprendido –. Con tanto secretismo voy a pensar que eres bruja. Puedes decírmelo tú, a Inés la tengo ya muy vista.
Su comentario congeló la ilusión de Paula, que bajó la mirada, incapaz de sostener la de él. Borja le tendió el brazo.
–¿Vamos a la cafetería a tomar algo? Así podemos conocernos un poco más… igual puedo convencerte para que vengas a la fiesta de este jueves. ¿Qué te parece?
Paula se encogió de hombros.
–¡Mujer, parece que te ha comido la lengua el gato! No seas tan tímida, te prometo que soy de lo más decente –bromeó él.
Inés apretó la mandíbula y miró de reojo la reacción de su amiga, que había empezado a llorar. Paula se enjugó las lágrimas y trató de sonreír, pero su mirada estaba vacía. Besó a Inés en la mejilla y echó a correr por el pasillo. Sólo quería salir de allí, no le importaba que fuera estuviese lloviendo. Nada le sentaría mejor que un baño de agua fría.
Se sentó en las escaleras de la facultad, aliviada al sentir que sus lágrimas se perdían con las del cielo, y se llevó las manos al cuello. Su mundo interior, en el que vivía la mayor parte del tiempo, volvió a parecerle acogedor y cálido. Allí no se sentía inferior, porque era ella la única que tenía voz. Escuchó la risa suave de Marta y la voz de Pedro, que la cogía por la cintura y le decía cosas bonitas al oído; a Marisa, agobiada por el examen del día siguiente y a Teresa, gastándole bromas para distraerla.
–Vas a coger un buen catarro si sigues ahí –le dijo alguien a su espalda.
Paula se volvió, sorprendida y molesta. Un chico la acababa de cubrir con su paraguas.
–Estás empapada. ¿Qué haces aquí fuera? Está cayendo el diluvio universal.
Ella bajó la mirada, resignada. Irremediablemente volvía a sentir la presencia del muro frío que la distanciaba del resto. Le encantaría poder responderle, pero tenía con conformarse con su propia soledad.
–Ven –insistió él, tendiéndole la mano que le quedaba libre –. Si puedo evitarlo, no dejaré que le cuentes las penas a la tormenta. Con los truenos, te va a hacer muy poco caso.
Paula sonrió y, aunque sabía que antes o después aquella conversación acabaría en silencio, le acompañó hasta el edificio de Ciencias.
–Me llamo Daniel –continuó –. Deberías quitarte la ropa mojada en el baño. Puedes utilizar mi jersey.
Paula negó con la cabeza, acompañándose de las manos, pero Daniel se desprendió de la prenda y le obligó a aceptarla.
–Te espero fuera, pero no tardes mucho. No estaría bien que te resfriases, Paula.
Ella arqueó las cejas y se señaló a sí misma, con un claro interrogante en la mirada. Daniel sonrió y Paula observó cómo se sonrojaba sin dejar de mirarla a los ojos.

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

2 thoughts on “Después de la tormenta

  1. Es un placer ver cuentos que refuerzan la idea del amor como algo natural y con toques encantadores de sorpresa ;)

  2. Anonymous

    Hace tiempo que no leo nada tuyo, pero esto me ha traido a la cabeza recuerdos imborrables. Ya no es solo la música la que me pone los pelos de punta. Nunca lo dejes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>